Mostrando entradas con la etiqueta vínculos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vínculos. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de enero de 2017

Esquirlas navideñas

El abuelo colgó del alambre del patio su billetera vacía, intimaciones bancarias y facturas imposibles de pagar: su arbolito privado. Después se agazapó en un sillón a mirar con desdén cómo resucitábamos los platos de porcelana, las copas talladas y los ineficientes cuchillos del juego. Siempre protestando, devoró torres de panqueques con atún, jamón y queso que había preparado la abuela. Finalmente, minutos más, minutos menos, a todos los relojes les fueron llegando las doce. “¡Feliz Navidad, abuelo!”, desfilábamos uno por uno para saludarlo. “Navidad”, mascullaba él por toda respuesta. Después del brindis fue demasiado lejos: desafió las bengalas de los vecinos con disparos de Winchester y palabras hirientes. De las balas me salvé. Algunos insultos todavía me duelen.

domingo, 8 de mayo de 2016

Trapos sucios



A cada vuelta del tambor del lavarropas, replicaban en su cabeza los rítmicos cintarazos que le daba su padrastro cuando era niña. Volvían los insultos, los silencios amenazantes, los manoseos de la adolescencia. Hipnotizada por el vaivén, detrás del vidrio redondo vio mezclarse las sábanas con la camisa y el pantalón de él, hasta que todo fue tiñéndose de rojo. Confiaba en que con el último enjuague todo volvería a pintar como antes.


Mini elegida en Ficticia por la jurado de febrero, Amaranta Caballero Prado, y por el voto de los compañeros. El tema del mes era el movimiento.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Destino de remotas tías

La platería, las copas, la vajilla, relucientes. Los manteles, en perfecto orden. La ropa de la otra estación, en prolijas cajas, con flores de lavanda. La sala, siempre impecable para ocasionales visitas. Y las dueñas de casa, intachables hasta el hastío.

Para el Juego de mayo de Cuentos y más, cuya consigna es "cuentos sin verbos".

jueves, 21 de febrero de 2013

Barreras

Martín me fue a buscar al aeropuerto. Me dijo: “ponete cómoda, abuela, estás en tu casa, a las cinco vuelvo”. Pero no encontré ninguna radio ni pude abrir las ventanas ni encender las hornallas, así que salí a caminar. Fascinante, modernísima, enorme me pareció la ciudad donde triunfa mi nieto. Anduve horas hasta agotarme. Quise volver. Recité la dirección de memoria a varios taxistas, que me miraban impávidos. Los carteles, las señales, las indicaciones para abordar cualquier transporte escapaban a mi comprensión. Envidié a la multitud de caras similares y ajenas que parecía saber bien dónde iba. Se fue haciendo de noche y aquí estoy, sentada a los pies de las Torres Petronas, confiando en que Martín recuerde que era lo que más me interesaba conocer.

viernes, 23 de noviembre de 2012

El virus

Se propagó en cuestión de horas. Empezó por atacar las opiniones favorables y los pulgares en alto. En dos días había arrasado con las posibilidades de comentar y el deseo de compartir. A la semana no quedaba diálogo espontáneo posible.

martes, 23 de octubre de 2012

Complicidad

Estaba prohibido interrumpir al abuelo cuando se encerraba a leer en la biblioteca, a salvo de las voces chillonas de las tías y de los bulliciosos preparativos de la cena. Una tarde, al verme asomar por la puerta entreabierta, cerró enérgicamente su libro. Con gesto severo me indicó que entrara. Me quedé de pie, mudo y apabullado, los ojos fijos en las tapas de cuero verde, que él acariciaba.
—¿Te gusta? —preguntó orgulloso—. Cuando yo no esté, quedará para vos. Por ahora, no lo entenderías.

Treinta años después recibí el libro, junto con otras de sus pertenencias. Heredé, además, la costumbre de aislarme en mi estudio a meditar en silencio. Me valgo siempre del antiguo volumen, con sus cubiertas de cuero, sus cantos dorados y sus trescientas sesenta y cinco páginas vírgenes de tinta.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Inercia

Cuando llegó a la oficina notó que un compañero se dio vuelta a mirarlo y dos secretarias cuchichearon algo a su paso. Comprobó que sus zapatos eran del mismo par, los calcetines de idéntico color y que no llevaba puesto su suéter al revés. Y se enfrascó en su trabajo. Recién al mediodía un cadete se atrevió a preguntarle, con todo respeto, qué hacía ahí sentado el primer lunes libre después de su retiro.

Segundo lugar en el Taller Marina de Ficticia, agosto de 2012.  Jurado: Pablo González Cuesta  (Pablo Gonz).  Elegido ganador de la “Porra” del mes por los participantes del taller.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Lugares vedados



Aunque era época de puertas sin llave y de confiados tapiales bajos, había muchos sitios prohibidos en la casa. No estaban clausurados con pasadores ni por órdenes explícitas, sino que una sutil madeja de costumbres cotidianas impedía usar los cuartos para otro fin que no fuera el de siempre.
El hábito decretaba que sólo se cenara en el comedor, que se escuchara música en el living, que en aquel rincón jamás se abriera un libro. El televisor congregaba más de lo aconsejable, dejando vacantes otras opciones de encuentro, como el patio en las noches de verano o el hogar encendido en las tardes de invierno.
El amor sólo se hacía en la cama. Las variantes no eran bienvenidas.
La rutina reinaba en arraigada armonía ahogando la imaginación que, adormecida, esperaba su turno.

Un día se atrevió a surgir. Desde entonces, mamá no volvió a ser la misma. Y papá no volvió. Nunca.

Microrrelato ganador del mes de febrero, l Concurso de la Microbiblioteca (2012), Biblioteca Esteve Paluzie de Barberà del Vallès, Barcelona, modalidad castellano.

http://lamicrobiblioteca.blogspot.com.ar/2012/03/guanyadors-de-febrer-ganadores-de.html